Una visita a una finca de cultivos Hidropónicos

   Hoy me toca visitar a mi amigo y cliente; por lo que se trata de un doble placer, de una visita profesional y a la vez una agradable visita a mi amigo y compañero Nico, que ha decididido instalarse en una finca que ha adquirido en España, movido por los interesantes y favorables vientos que corren en las tierras que salen a la venta en España; en la actualidad, quizás presionados por la crisis que reina en Europa, los precios de las tierras y explotaciones agricolas, han caido en picado; encontrandose verdaderas gangas en la mayoría de las regiones españolas.

   Con una inversión más que razonable, mi amigo Nico, un belga decidido a abandonar sus húmedas y frías tierras; dominadas por la penumbra y la oscura y húmeda niebla de su tierra, e instalarse en las soleadas, luminosas y bellísimas tierras de Huelva; en el sur de España, cerca de Sevilla y muy cerca del mar.

   Ha decidido llevar a cabo una explotación de hortalizas en cultivo hidropónico; para ello en sus tierras franco-arenosas, se ha proocupado de realizar una módelica instalación en las zonas bajas de su flamante finca, en los valles llanos y con acuiferos cercanos, de aguas frescas y puras, filtradas por las extensas y profundas arenas.

   Ha reservado las zonas más abruptas de su enorme finca; el bosque de encina, Jara y retama, para otra producción interesantísima, la producción intensiva de Trufas; que han inoculado en la raiz de la vegetación autoctona; de esta forma respeta el bosque mediterraneo a la vez que lo rentabiliza.

   Legué a la finca a primeras horas de la mañana, procedente de Sevilla, pilotando mi avión, una Cessna 210 de seis plazas, pero pilotada por mí y como único pasajero; la llegada a la finca resultó emocionante,a pie de la cabecera de la magnifica pista; un camino asfaltado de 1.500 m de longitud y 6 m de anchura, me esperaba mi amigo Nico, que me recogió en el todoterreno y me llevó al cortijo, donde desayunamos unas migas con chorizo de la sierra y regadas con aguardiente de Calaña.

   Tras el exquisito desayuno, me llevó a enseñarme las magníficas instalaciones; comenzamos por el cabezal de riego, que absolutamente informatizado, se ocupaba de mantener las constantes de pH. conductividad y concentraciones de nutrientes, de forma automática, en el circuito de agua que recorre las tuberías de PVC que sostienen las raices de las plantas.

   Fue necesario tomar muestras del fluido circulante en cada uno de sus púntos críticos; para poder comparar los contenidos en cada uno de los lugares del circuito; tanto a la salida de la bomba impelente, como en el retorno, para ver el consumo que hacen las plantas de cada uno de los nutrientes; así como de las variaciones de las constantes.

   Las muestra las puse a salvo de golpes, en una caja que hacía las veces de arca protectora.

   Pasamos luego a una de las salas de cultivo, con sus suelos hormigonados y de una impoluta limpieza y desinfección; allí realizamos un muestreo de hojas, para su posterior análisis foliar y poder determinar alguna posible deficiencia nutricional.

   Tras la cuidadosa recogida de muestras; cosa que hacemos con regularidad todos los meses y las transportamos a nuestro laboratorio de Sevilla, para las determinaciones nutricionales; fuimos a ver el frondoso y tupido encinar y monte bajo; tambien recogimos allí unas muestras de las micorrizas instaladas en las raices de las encinas y de las jaras; haríamos un analisis microbiológico de las mismas, para comprobar su extensión e implantación en las distintas especies.

   Tras el trabajo, con las muestras a buen recaudo, regresamos al cortijo, donde nos habían preparado para el almuerzo, unos conejos al tomillo, de los cazados en la propia finca, que nos los había preparado la mujer del guarda; una experta en la cocina tradicional; tampoco había que desmerecer el extraordinario vino de la comarca del condado; del que no pude abusar, ya que tenía que pilotar de regreso a Sevilla.

   -   Es magnífica la pista de aterrizaje ¿La utilizas mucho?

   -   Suelo utilizarla para recibir a mis clientes, que llegan desde todas partes de Europa, gracias a su longitud y amplitud, pueden entrar cómodamente hasta los bimotores turbohélices, con grandes autonomías.

   Tras un cómodo despegue, coloqué el morro de mi avión en el rumbo adecuado, rumbo este, en quince minutos estaría en el aeropuerto de Sevilla; me encamtaba aquella comarca; pero la crisis había conseguido, que todos los días me solicitaran clientes para comprar fincas a precios verdaderamente irrisorios.

   LUIS CABELLO

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